En una cálida
tertulia con amigos de fin de semana, nos pusimos a discutir sociológicamente sobre
lo que representa el bullado y peligroso juego de “la Ballena Azul”. Las
diferentes posiciones ahondaron una discusión que empezó con la incógnita, ¿el juego de la ballena azul es un problema
social o tecnológico?, ahí llegaron los argumentos que a continuación los
comparto.
Si bien la
tecnología y en particular las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC),
han logrado modificar, por completo nuestras conductas y relaciones sociales; y
a partir de las redes sociales, se han dado nuevos escenarios de
sociabilización, por tanto nuevas tribus urbanas, que con una fluidez y adaptación
constante, van generando gran riesgo, dando nuevos y variados delitos y
conflictos a nuestros tiempos.
Por otra parte la
tecnología nos ofrece esos soportes electrónicos por los cuales se dan todas
aquellas plataformas virtuales que son las redes sociales. Ahí nacen dos
críticas, la de forma: conexión al internet, rapidez o lentitud de algunas
páginas, aplicaciones, o de la misma cobertura y la crítica de fondo: los
contenidos que se trafican mediante sus canales y redes.
Por decir, si el
Juego fuera un problema tecnológico de “forma” tranquilamente se resolvería
eliminando la conexión a internet, ahí deslindamos todo tipo de interacción
riesgosa, o por el contrario si fuera de fondo se procedería mediante el
gobierno, quién fije filtros, o un agudo rastrillaje virtual en busca de
palabras claves o redes de patrones sospechosos, que logren identificar las
fuentes de estos tutores en línea de la Ballena Azul.
En si el juego
no es una aplicación, que se pueda descargar, si no es un método, es una forma
de conectar un sujeto con su verdugo, que en base a estudios previos el “tutor
en línea” hace el análisis psicosocial de su víctima para poder lograr ventaja
de sus vulnerabilidades afectivo-sentimentales.
Cuando vi por
primera vez, las fotos, de la ballena lacerados en los brazos de adolescentes,
pensé de inmediato en los “EMOS”, dije “esto es otra etapa o características de
la generación Zombi”. El autoflagelo que llega al suicidio, no es un problema
sólo tecnológico, sino un problema profundamente social.
Muchos padres,
atemorizados por los problemas sociales de trata y tráfico, dónde a menudo se
escucha que son raptadas, niños, jóvenes, adolescentes, por el temor que
representa estar en las calles, logran suponiendo que protegen a sus hijos,
dejarlos en casa con una buena conexión a internet, tv cable, celulares, etc.,
siendo muchas veces más riesgoso.
Las
características de nuestra época y mediante la emancipación de la mujer sobre
la conquista de sus derechos, se ven más familias disfuncionales, familias
uniparentales, siendo más conflictivo la crianza de los hijos, otra variable de
los niños que crecen acogidos por las TIC, desahuciados de sus lazos
familiares.
La ballena azul,
centra sus objetivos en estos adolescentes, y jóvenes, que son más asequibles a
hacer lo que un extraño les puede encomendar, son como bien decía el autor del
juego, una representación de joven que ha perdido sentido en la vida, que no
encuentra más posibilidades de subsistencia de “limpiar la sociedad”, Como si
las personas fueran algún tipo de “basura social”.
No obstante,
luego de varios criterios y contra criterios, a manera de conclusión llegamos
que es importante desarrollar programas, políticas, actividades, que en el fondo
propicien más las relaciones sociales interpersonales con valores y principios, contra los
deslindes de excesivo individualismo.
Mientras los
sujetos más se alejen de una convivencia real, con problemas propios, serán más
vulnerables a una relación virtual. Las redes sociales también son calles y
callejones en los que uno puede encontrarse con más de una sorpresa o susto.
Sucre, 11 de mayo de 2017
Por: Fernando Flores Zuleta
Sociotopia 21/ Publicado en el Periódico el "Libertador"
Sociotopia 21/ Publicado en el Periódico el "Libertador"
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